miércoles, 28 de febrero de 2007

Mi experiencia en el aprendizaje de leer y escribir

Bucaramanga febrero de 2007

Recuerdo que desde mucho antes de entrar al colegio le pedía a gritos a mis padres que me dieran un “pipo” cuyo significado para mi era un lápiz. En mi infancia me regalaron diarios en vez de osos de peluche y aún escucho en casa decir a mis familiares “escriba usted, o hable usted, que es la que es buena para eso”.
Durante mi periodo de aprendizaje, recuerdo que siempre me gusto lo relacionado con las letras como el español, la filosofía, la literatura en fin, nada que ver con las materias que requerían de cálculos u operaciones matemáticas. Siempre me gusto leer y escribir, pero quizás no tuve la formación adecuada al respecto. Este asunto vine a comprenderlo ahora en mi etapa universitaria. Han sido muchas las falencias que he presentado para desarrollar un texto escrito o quizás mi dedicación a los libros no es muy buena en cuanto al hábito de leer. Aun así considero que se me facilita comprender los textos leídos.

Solo recuerdo de todos mis docentes de español una profesora llamada Doris, fue la única que trató de explorar la producción escrita en nosotros. Ella sabía que ese era mi fuerte y no lo paso inadvertido, para los demás profesores era sólo cuestión de normas, algo por salir del paso. Del Quijote sólo escuchábamos en la semana del idioma. Sólo se leía la biografía de Miguel de Cervantes Saavedra. Es más, se pensaba que el Quijote era el autor y no el personaje principal, aunque reconozco que aún no he leído tan magistral obra.

En el bachillerato jamás conocí de la existencia de Jorge Luís Borges, ni de Juan Rulfo, mucho menos de escritores europeos. Cómo pasar por alto la gran obra poética de autores franceses, de la narrativa de autores ingleses, en fin, ni hablar de los clásicos cuyos nombres se repetían fuera del contexto, así por así. Nunca fueron reconocidos por su obra, sólo porque la gente los nombraba y no más.
Sólo se leían libros de superación personal, donde algún desocupado escritor dice como organizar su vida, haga esto, aquello, con títulos tan poco dicientes como “Agua caliente para adolescentes” y cosas por el estilo, y cuando se leían otros libros, como “La rebelión de las ratas” de Fernando Soto Aparicio, en mi caso, era una cuestión de hacer resumen del libro, descripción de los personajes primarios y secundarios, identificar las palabras desconocidas y buscarlas en el diccionario; sin importar la intención comunicativa del autor a la hora del uso que de ellas hacía.
Recuerdo que desde muy pequeña soñaba con ser profesora, jugaba con los esmaltes de marca Yem que traían nombres de mujer, ellas eran mis estudiantes y hacían filas y les ponía tareas, en fin desde niña quería ser lo que estoy haciendo, preparándome para ser docente y espero no caer en los mismos errores, en la cruda realidad de ese vacíoque hay en las escuelas.Existe un gran abismo que debería ser re-evaluado, es muy triste pensar que un profesor se prepara durante muchos años en la universidad y sólo llegue al aula de clase a imponer sus conocimientos o peor aún sin conocimientos.
El docente se vuelve perezoso y no sigue en aras de construir la pedagogía por medio de la investigación, de introducir en sus estudiantes un pensamiento crítico, de darles a conocer el mundo en pocas palabras, sobretodo en un presente como el nuestro donde los medios televisivos nos venden cosas ajenas al arte de leer, hoy en día los niños detestan esa idea, pienso que una de las labores principales, y difíciles del profesor , cambiar ese paradigma en ellos.

miércoles, 21 de febrero de 2007

hola a todos lo siento pero ya muy pronto les pondre un buen texto.

Lo que aprendí leyendo a… ¡Que viva la música! de Andrés Caicedo

La vida de adolescente es una dolencia que se supera rápidamente, claro está para algunos. Cuando leí el libro de Andrés Caicedo, ¡Que viva la música!, descubrí en él un mundo mágico.

Yo adoro la música sobretodo el buen rock, en mi primera etapa de adolescencia lo conocí por medio de un amigo del que ya no sé nada, pero que me dejó una gran herencia musical. Uno a esa edad es muy radical, como dijo una vez un poeta amigo: “cuando uno es metalero no puede ser otra cosa más que metalero”, ahora lo comprendo. Uno es inmaduro y no ve más allá de sus narices, no se puede escuchar otro tipo de música, no se puede vestir de blanco o colores similares, sólo se aceptan los taches, el negro, los pantalones entubados y la camiseta con el nombre de “una buena banda de metal” y su círculo de amigos sólo puede ser el mismo , ojo con que entre alguien ajeno, no no no, eso es prohibido, pero con el tiempo y los años uno se da cuenta de lo absurdo que se es a esa edad.

En la novela de Andrés Caicedo la protagonista Maria del Carmen Huerta alias la mona, es una rockera empedernida que en medio de la rumba conoce la salsa, género musical que por ahora me gusta demasiado, y del que estoy empezando a conocer; uno a través del tiempo descubre otros tipos de música y que son realmente muy agradables, al fin y al cabo música es música.

Pero bueno esto es sólo una de las cosas que aprendí de este libro, otra cosa que me lleva a pensar de esta novela, única novela terminada por el autor, como una de la más impactante que he leído, es el hecho de la vida de la protagonista. Nunca he vivido el mundo como el de ella, que baja hasta el pozo sin fondo de sus propios excesos, pero que me gustaría vivir algún día. Lo haría de no ser por la herencia que nos dejó la religión y esa moral occidentalista que nos vende la idea de que todo es pecado, no hagas esto, no hagas aquello, se ve mal. Realmente yo no podría hacerlo me acusaría la conciencia, por eso pienso que al leer ésta novela es una forma de liberarse, es vivir con la protagonista uno a uno sus momentos de goce, de extremas aventuras; además rescato mucho el hecho de que el autor escogiese a una mujer para desarrollar este papel, a una mujer con alma de hombre, arriesgada y sin temor alguno. Sobretodo en una cultura machista donde la mujer siempre ha estado sometida; si un hombre tiene más de una mujer se le considera todo un macho cabrío y se le halaga su accionar, pero si se invierten los papeles, pobrecita de ella, la despellejarían viva, esto sin ánimo de llevar u un debate de feminismo.
En fin es una mujer a la que no se le ve mal todo lo que hace, nada mal, al contrario es toda una heroína, mi heroína.