Bucaramanga febrero de 2007
Recuerdo que desde mucho antes de entrar al colegio le pedía a gritos a mis padres que me dieran un “pipo” cuyo significado para mi era un lápiz. En mi infancia me regalaron diarios en vez de osos de peluche y aún escucho en casa decir a mis familiares “escriba usted, o hable usted, que es la que es buena para eso”.
Recuerdo que desde mucho antes de entrar al colegio le pedía a gritos a mis padres que me dieran un “pipo” cuyo significado para mi era un lápiz. En mi infancia me regalaron diarios en vez de osos de peluche y aún escucho en casa decir a mis familiares “escriba usted, o hable usted, que es la que es buena para eso”.
Durante mi periodo de aprendizaje, recuerdo que siempre me gusto lo relacionado con las letras como el español, la filosofía, la literatura en fin, nada que ver con las materias que requerían de cálculos u operaciones matemáticas. Siempre me gusto leer y escribir, pero quizás no tuve la formación adecuada al respecto. Este asunto vine a comprenderlo ahora en mi etapa universitaria. Han sido muchas las falencias que he presentado para desarrollar un texto escrito o quizás mi dedicación a los libros no es muy buena en cuanto al hábito de leer. Aun así considero que se me facilita comprender los textos leídos.
Solo recuerdo de todos mis docentes de español una profesora llamada Doris, fue la única que trató de explorar la producción escrita en nosotros. Ella sabía que ese era mi fuerte y no lo paso inadvertido, para los demás profesores era sólo cuestión de normas, algo por salir del paso. Del Quijote sólo escuchábamos en la semana del idioma. Sólo se leía la biografía de Miguel de Cervantes Saavedra. Es más, se pensaba que el Quijote era el autor y no el personaje principal, aunque reconozco que aún no he leído tan magistral obra.
Solo recuerdo de todos mis docentes de español una profesora llamada Doris, fue la única que trató de explorar la producción escrita en nosotros. Ella sabía que ese era mi fuerte y no lo paso inadvertido, para los demás profesores era sólo cuestión de normas, algo por salir del paso. Del Quijote sólo escuchábamos en la semana del idioma. Sólo se leía la biografía de Miguel de Cervantes Saavedra. Es más, se pensaba que el Quijote era el autor y no el personaje principal, aunque reconozco que aún no he leído tan magistral obra.
En el bachillerato jamás conocí de la existencia de Jorge Luís Borges, ni de Juan Rulfo, mucho menos de escritores europeos. Cómo pasar por alto la gran obra poética de autores franceses, de la narrativa de autores ingleses, en fin, ni hablar de los clásicos cuyos nombres se repetían fuera del contexto, así por así. Nunca fueron reconocidos por su obra, sólo porque la gente los nombraba y no más.
Sólo se leían libros de superación personal, donde algún desocupado escritor dice como organizar su vida, haga esto, aquello, con títulos tan poco dicientes como “Agua caliente para adolescentes” y cosas por el estilo, y cuando se leían otros libros, como “La rebelión de las ratas” de Fernando Soto Aparicio, en mi caso, era una cuestión de hacer resumen del libro, descripción de los personajes primarios y secundarios, identificar las palabras desconocidas y buscarlas en el diccionario; sin importar la intención comunicativa del autor a la hora del uso que de ellas hacía.
Recuerdo que desde muy pequeña soñaba con ser profesora, jugaba con los esmaltes de marca Yem que traían nombres de mujer, ellas eran mis estudiantes y hacían filas y les ponía tareas, en fin desde niña quería ser lo que estoy haciendo, preparándome para ser docente y espero no caer en los mismos errores, en la cruda realidad de ese vacíoque hay en las escuelas.Existe un gran abismo que debería ser re-evaluado, es muy triste pensar que un profesor se prepara durante muchos años en la universidad y sólo llegue al aula de clase a imponer sus conocimientos o peor aún sin conocimientos.
El docente se vuelve perezoso y no sigue en aras de construir la pedagogía por medio de la investigación, de introducir en sus estudiantes un pensamiento crítico, de darles a conocer el mundo en pocas palabras, sobretodo en un presente como el nuestro donde los medios televisivos nos venden cosas ajenas al arte de leer, hoy en día los niños detestan esa idea, pienso que una de las labores principales, y difíciles del profesor , cambiar ese paradigma en ellos.